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CONFERENCIA

Reflexiones a propósito de la batalla del Batán

(3 de julio de 1599)


a cargo del
ILMO. SR. D. TOMÁS VAN DE WALLE DE SOTOMAYOR
Director de la RSEAPGC


2 de julio de 2010


 

Señor Alcalde de la Villa, señor Coronel Jefe del Regimiento Canarias nº 50, el del Batán,  dignas autoridades del ayuntamiento de la Villa de Santa Brígida, ex-presidente del Gobierno don Lorenzo Olarte, queridos amigos,  señoras y señores,

 

Como es de rigor quiero agradecer en primer lugar en mi nombre y en el de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Gran Canaria la invitación efectuada por los dirigentes del Ayuntamiento para intervenir en la conmemoración de la importante efeméride de la batalla del Batán el 3 de julio de 1599.

 

Es muy de agradecer esta invitación, pues a pesar de las numerosas actuaciones conjuntas de la RSEAPGC y del ayuntamiento de la Villa a lo largo de los años en el empeño de restaurar la memoria histórica de esta batalla ocurrida hace 411 años, todavía tendremos que continuar esforzándonos en que se conozca y difunda la gesta bélica y civil que protagonizaron las milicias canarias dirigidas por destacados oficiales entre ellos  Antonio Pamochamoso, pues don Alonso Alvarado yacía herido de gravedad . Digo que todavía hay mucha tarea por delante a pesar de los avances importantes que se han producido en esta tarea desde la solemne conmemoración de los 400 años , en 1999, que constituyeron  una sacudida necesaria  para la extendida ignorancia existente de nuestra historia y en particular de nuestra historia militar.

 

El año de 1999 el Cabildo Insular de Gran Canaria, y tengo que destacar la cooperación de su presidente don José Macias y de la entonces consejera insular doña Coca de Armas, se volcó en la rememoración, junto con una serie de instituciones y asociaciones de la llamada sociedad civil, entre las que estaba y muy destacadamente, la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Gran Canaria bajo la dirección entonces de don Nicolás Díaz-Saavedra de Morales.

 

Como decía, a pesar de lo mucho que se ha avanzado, aún quedan muchas acciones obligadas para que la gesta del Batán penetre en la memoria histórica de los ciudadanos de Gran Canaria.

Los museos son  piezas  estructurales dentro de las instituciones sociales que conforman  la memoria histórica de las sociedades.   En concreto  nosotros desde la Económica hemos constatado con sorpresa que el Museo Histórico Militar de Canarias, dependiente como es evidente del Mando Militar de Canarias, y ubicado en el veterano cuartel de Almeida en Santa Cruz de Tenerife, apenas menciona los hechos de julio de 1599 mientras que el principal acontecimiento histórico relatado por la entidad es la gesta de julio de 1797, esto es,  la heroica defensa de la ciudad de Santa Cruz de Tenerife frente al asalto de la escuadra británica comandada por el almirante Horatio Nelson. No hace falta subrayar que un museo dedicado a mostrar la historia militar de toda Canarias no puede ni debe minusvalorar casi hasta obviar los hechos históricos acaecidos en las otras islas del archipiélago, y díganme ustedes si hay alguno más importante, y en muchos aspectos catastrófico, que la ocupación y destrucción  de la ciudad de Las Palmas por las fuerzas del almirante holandés Van der Doez y la subsiguiente batalla del Batán, que  fue acertadamente denominada "una victoria vencida" ( esto, una victoria  primera de los holandeses, victoria vencida a continuación por las fuerzas de la isla de Gran Canaria), denominada así  por el intelectual más importante de Canarias en aquellos años , Bartolomé Cairasco, personaje que también por su parte requiere de una revalorización y mayor conocimiento.

 

Así pues, seguimos en el empeño de divulgar la gesta bélica que dio al traste con la invasión de los holandeses de Van der Doez.

 

Como es natural no voy a relatarles de nuevo los hechos ocurridos en el Monte Lentiscal aquel día que dicen fue  muy caluroso y además terrible para los invasores, en  realidad para todos . Las fuerzas canarias lucharon en contra de fuerzas que los duplicaban con dureza y habilidad e infringieron numerosas bajas en los escuadrones de mosqueteros enviados por el almirante. No soy historiador  ni militar, pero supongo que aquellos 600 mosqueteros holandeses tendrían más potencia de fuego e irían mejor pertrechados para la lucha que los canarios que los acosaban. Sin embargo del lance salieron maltrechos.

 

Las milicias canarias defendían su tierra ( es decir, su isla, su país ), sus bienes y a sus familias. Y dado el cariz ideológico que iba adquiriendo la guerra de independencia de Holanda frente a la Monarquía hispana, a España en términos actuales, los canarios tendrían asimismo muy presente la condición de protestantes, de calvinistas, de los holandeses que luchaban por la libertad de conciencia, la libertad de poder elegir su propia religión, en una larga guerra que como ustedes saben duró la casi  increíble cantidad de 70 años.

 

Casi diría que las motivaciones de los habitantes de la isla para luchar contra los invasores serían probablemente muy parecidas a las que los españoles de 1808 sintieron para enfrentarse a los invasores franceses del imperio napoleónico. Lo llamamos desde entonces la "guerra de la independencia".

 

Una guerra justa por lo tanto.  ¿ Una guerra justa ¿  Algunas veces, o siempre si ustedes quieren, conviene plantearse la justicia de la guerra, de la de 1599, de la que sostuvieron los holandeses en pro de la independencia de España, de la que luchamos los españoles para echar a los franceses, de la de Irak o de la está en curso en Afganistán.

 

El debate sobre la existencia de la guerra justa viene desde tiempo inmemorial. Siempre se ha considerado por los estudiosos y filósofos morales que podía y debía haber guerras justas, pero desde la Ilustración en el siglo XVIII  es cuando empieza a plantearse la posibilidad de un estado de paz perpetua, como la denominó el filósofo Inmanuel Kant. El desarrollo y la extensión en los siglos posteriores por primera vez en la Historia, de la forma de gobierno democrático , llevó a algunos intelectuales a la creencia de que entre las potencias democráticas es más difícil e improbable la guerra, son las conocidas teorías de la paz democrática.

 

En países que conocieron cortos y precarios  periodos de convivencia política regida por un gobierno democrático, como ha sido por desgracia el destino de nuestro país durante  largas épocas , se asociaba muy intensamente la idea de que un gobierno y una sociedad democráticas no podía ni debía ser agresivo hacia las otras naciones, vecinas o no, y de que por lo tanto ellos en correspondencia tampoco lo serían con nosotros .

 

Por lo tanto, no sería prioritario ni importante contar con unas fuerzas armadas suficientes y necesarias , porque además  éstas  en muchas ocasiones habían  intervenido en el proceso político generándose  como consecuencia unos intensos sentimientos antimilitaristas entre los sectores democráticos. Esto ocurrió en España durante el vibrante periodo de la 2ª República.

Estas creencias pacifistas, antimilitaristas y permítanme , decirlo ligeramente ingenuas, llevaban a un resultado : el Estado democrático quedaba, o debía quedar, inerme, pues cualquier política de defensa y seguridad rigurosa quedaba descalificada por estos enfoques políticos que tenían unas consecuencias prácticas, fácticas, indudables. Las democracias no tienen nada que temer pues no son agresivas por definición, luego, si no son agresivas, no tienen enemigos, por lo tanto si no tienen enemigos no tienen por qué armarse. Les parecía un contrasentido una democracia armada.

 

Por otro lado, después de la 2ª guerra mundial , y del establecimiento de la ONU y del sistema de seguridad colectiva que se desarrolla a continuación , se consideró como la más legítima la guerra de defensa, la guerra de autodefensa. Cualquier guerra iniciada por un Estado , es decir, una guerra de agresión, se conceptuaba ilegítima e injusta. Es obvio que estas ideas surgieron de la terrible experiencia bélica vivida desde 1939 a 1945.

 

La ingenuidad  a la que antes aludía se fue desvaneciendo del todo cuando el presidente Truman de EE.UU. procede al rearme y a la asunción de la doctrina de la contención armada frente a la Unión Soviética.

 

Pero todo esto es hoy agua pasada, pero seguro que no olvidada. Cuando se hundió por implosión interna el llamado Bloque Soviético muchos pensamos que se abría un periodo esperanzador de paz y convivencia internacionales , pues asociábamos la idea  de la guerra a la confrontación entre ambos bloques, cosa que por suerte  no ocurrió, o a la famosa guerra del Vietnam.

 

No imaginábamos, aunque si hubiésemos sido más perceptivos lo hubiésemos advertido antes, que iba a inaugurarse un periodo de actividad bélica de otro tipo. ¿ Acaso no es una guerra de agresión la invasión de Agfanistán en 2001 ¿ ¿ No luchaban los talibanes por su independencia?  Pero, ¿era una guerra justa la librada por las potencias occidentales ¿. Contesto que a mi juicio sí.

Ahora tendremos que repensar muchos conceptos y creencias asentadas acerca de lo justo y lo legítimo en las relaciones internacionales, pues las intervenciones pacificadoras de la ONU no acaban de dar soluciones reales a los problemas que existen. Hacen falta otras formas de afrontar los elementos de agresión que existen.

 

De ahí que a muchos nos parezca muy oportuno hablar de ese problema que ocupa  habitualmente a los filósofos morales, que llega a la calle y a los periódicos cuando se produce una situación prebélica y que a las fuerzas armadas, bajo la dirección política del Gobierno, ocupa todos los días para estar listos y dispuestos para afrontar estas  situaciones que ellos, y todos, deseamos no ocurran.

 

Hoy aquí recordamos a los combatientes del Batán y nos identificamos con su arrojo, su miedo, su sufrimiento, sus proezas. Recordamos con admiración y respeto a sus mandos, y nos olvidamos de algún nombre. Intentamos ponernos en situación para sentir lo que ellos pudieron sentir.

 

Como les decía a mis compañeros de la junta de dirección de la Real Sociedad Económica, ojalá nosotros seamos dignos de ser recordados con  elogio 410 años más tarde. Algo digno habremos hecho.

 

Les anuncié unas reflexiones y ahí están. No estaba previsto que fueran conclusiones.

 

Muchas gracias por su asistencia y su atención.

 

 

 

 



© RSEAPGC, 2013